Esto fue escrito y bien pensado por: LUCY
Llevado a la guillotina sin juicio previo, ni recibir una condena, Robespierre murió el 28 de Julio de 1794 a los 36 años de edad, ese ya famoso día, el 9 thermidor, que para algunos significó el fin de la "tiranía" jacobina y para muchos otros mas, fue sinónimo del fin de la Revolución Francesa.
Y es que Robespierrre siempre será figura de controversia, solo puedes tener una postura sobre su figura: o lo amas o lo odias, punto.
Para escribir acerca de Robespierre se tiene que encontrar el coraje de permitirse estar equivocado. De otro modo, cada oración estaría cargada de condicionales y calificativos, y cada cita, antecedida de una advertencia: supuestamente dicho por Robespierre. Se caerá en contradicciones puesto que él se contradice. Si se quiere saber por qué él produce esos extremos de adoración y desprecio se tiene que estudiar no solo las biografías sino la vida de la gente que escribió acerca de él.
En el siglo XIX su biógrafo Ernest Hamel lo adoraba; los historiadores socialistas Mathiez y Lefebvre lo proponían como un héroe; George Sand lo llamó "el hombre más grande no solo de la Revolución sino de toda la historia conocida". Lord Acton lo describió como "el personaje más detestable en las primeras filas de la historia humana desde que Maquiavelo redujo a un código la maleficencia de los hombres públicos". En 1941, el historiador Marc Bloch llamó a una tregua: "Robespierristas, antirrobespierristas, ya es suficiente. Les pedimos, por piedad, dígannos simplemente cómo era realmente Robespierre"
Tirano, dictador, sediento de sangre, cruel, calculador, esos son adjetivos comunes que los libros de historia muestran sobre el joven abogado proveniente de Arras, una figura casi encarnada del "Principe" de Maquiavelo. Apodado "El incorruptible"por su devoción y a la revolución y su repudio a los sobornos.
Huerfano de madre, y abandonado por su padre a corta edad, Robespierre se tuvo que hacer cargo de sus hermanos menores con tan solo 9 años de edad. Alumno brillante, estudió Derecho en el Liceo "Louis-le-grand" con una beca otorgada debido a su gran rendimiento académico. Poseía un talento innato para la oratoria, sus excelentes notas le llevaron a pronunciar un discurso ante el nuevo soberano Louis XVI y su joven esposa Maria Antonieta, (otros concuerdan que dicho eso, gritó entre la multitud "Muerte al rey"). Siempre en contacto con los pobres, Robespierre vivió momentos de extrema pobreza durante su infancia y juventud. Fue elegido representante de la Provincia de Arras para presentarse en los Estados Generales, momento importante del movimiento revolucionario. Robespierre inmediatamente capto la atención de todos, "Este joven llegará lejos, cree en todo lo que dice" dijo Mirabau sobre el .
Lector apasionado de Rousseau y gran creyente de las posturas sobre el contrato social, soñaba con la implementación de la Virtud en la corrupta vida política del país, figura de un idealista consumado, opositor a la pena de muerte y fervoroso defensor del anticolonialismo y en contra de la esclavitud. Muy liberal para algunos, muy rígidio para otros.
Denunció la corrupción de otros compañeros revolucionarios, Danton cayó y Hebert también. El primero soltaba rumores sobre Robespierre, muchos ciertos, y otros tantos están en discusión: no bebía alcohol, detestaba la opulencia de la vida burguesa, comía solo una vez al día, le temía al dinero, era célibe y llevaba un modo de vida austero. Estaba comprometido para casarse con la hija de su arrendador, Eleonore Duplay (posteriormente conocida como "la viuda Robespierre"), dicha unión jamás llegó a efectuarse. Se extendía a las mujeres de París, quienes asistían a las galerías públicas del Club Jacobino. Esto preocupaba a sus contemporáneos, quienes pensaban que él abusaba de esa ventaja. "¡Qué hombre es éste, con una muchedumbre de mujeres a su alrededor!" dijo Rabaud Saint-Etienne. Condorcet, el campeón de los derechos de las mujeres, se retrajo, desplazado, al haber conseguido Robespierre la atención de ellas.
En el período de 1792-93 Robespierre se perfila como una figura influyente dentro del movimiento político de la región. Primero, Robespierre es electo miembro de la comuna que ostenta el poder local; a continuación, Robespierre es elegido representante de su localidad ante la Convención nacional que ostenta el poder luego de la monarquía; seguido de esto, Robespierre es electo miembro del Comité de Salvación Pública en el que la Convención delega el poder ejecutivo.
Temeroso de que en cualquier momento los frutos de la revolución se derrumben (por amenazas como el ataque de las monarquías extranjeras, las conspiraciones internas, la pobreza entre las masas, etc.), Robespierre actúa con gran temeridad y está dispuesto a lo que sea con tal de mantener la unidad en la recién formada república: comienza el reino del terror. De esta manera, en un periodo donde miles de acusados de conspiradores, traidores, espías y más, son pasados por la guillotina diariamente en pocas pero constantes cantidades, con éxito consiguiendo mantener la unidad. La Revolución, creía él, debe justificarse a cada paso y cada acción revolucionaria debe ser una expresión de virtud. Ningún cínico aprende nada acerca de Robespierre; el cínico, incapaz de entenderse con la "virtud", se retira, confundido. Suena pálido y católico, pero "virtud" no es autocomplacencia ni beatitud.
La Revolución significó una ruinosa lucha física para su personal de primera línea. Uno no necesitaba ser un soldado para terminar triturado; el frente interno destruía los organismos con sus plazos inamovibles, sus emergencias y sus exigencias, tan extenuantes para la mente como para el cuerpo. "Confieso una inmensa fatiga", dijo Robespierre, en su último discurso ante la Convención. En las semanas anteriores había guardado un silencio que afectaba los nervios de sus colegas. Su rostro se volvió ilegible. La narrativa existente detrás de esto es siempre vieja y siempre nueva.
En sus últimas semanas, Robespierre permaneció fuera de la mirada del público. Salía a caminar por los bosques o se encerraba en la calle de Saint Honoré. Nadia suponía que era una fuerza gastada, pero después de la muerte de los dantonistas él había parecido perder la seguridad de su toque. No podía supervivir si no confiaba en nadie, y no pudo labrarse nuevas confianzas. La verdad acerca de los motivos de sus compañeros revolucionarios parecía estar más allá del alcance de los mortales
La Revolución, como empresa creativa, murió con él. Existe una postulación según la cual su muerte es una especie de liberación bendita para la nación; sin embargo, después de su muerte el Terror continuó y lo que esperaba adelante era una nueva tiranía y 20 años de guerra. En su último discurso a la Convención dijo: "mi razón, no mi corazón, empieza a dudar de esta república de la virtud que me he dispuesto a establecer". El corazón deja su leve huella: Michelet, solo, sentado a su mesa de madera blanca, Stanislawa rebobinando obsesivamente la cinta de su máquina de escribir. De otro modo, no queda mucho excepto un trajinado portafolios en el Museo Carnavalet, colocado cerca de unos grandes cuchillos y tenedores que llevan el monograma de Danton. El cuero está estampado con el nombre de Robespierre pero éste casi se ha borrado. Como dice Lamartine, "él fue la última palabra de la Revolución pero nadie pudo leerla".
En el documento final su firma aparece incompleta. Había escrito solo dos letras de su nombre antes de que un pistoletazo destrozara su mandíbula; nadie sabe realmente si él mismo se disparó. Yaciente sobre su propia sangre en una antesala del Comité de Seguridad Pública, expresó con gestos que quería escribir pero nadie le alcanzó una pluma. Yo le habría dado una, dijo después Barras, incómodo ante esa crueldad y ante la desaparición de una posible declaración. Estaba casi muerto cuando lo llevaron al cadalso y sus decapitados restos fueron enterrados cerca del Parc Monceau.
Lo que finalmente trajo abajo a Robespierre no fue un acceso adicional de fanatismo o una propuesta de intensificar el Terror, sino una propuesta para moderarlo. Su error, en su último discurso en la Convención, fue amenazar a sus oponentes sin mencionar nombres. Cada miembro de la asamblea se sintió cerca a la guillotina, así, hombres con intereses dispares actuaron en concierto para destruirlo. Muchos años después, cuando era un anciano, se le preguntó a Merlin de Thionville cómo pudo haberse vuelto contra Robespierre. "!Ah¡ -- dijo --, si hubieran visto sus ojos verdes..."
Robespierre, dejo claro, es una figura histórica y revolucionaria de la cual tengo una enorme y ferviente admiración, quizá mi objetividad queda en duda, pero, ¿que sería de esa objetividad, cuando todo lo que se dice de el no es mas que también la postura de los "otros" que lo llevaron a la muerte?.




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